jueves, 25 de abril de 2013

Astrea-Virgo y la Virgen María


 
En un artículo anterior -Virgo-Astrea y la Edad de Oro- resumí la mitología del signo zodiacal-constelación de Virgo con la inmortal Astrea, diosa de la Armonía-Equilibrio-Justicia-Orden que enseñaba y convivía entre los hombres durante la Edad de Oro en las ciudades,  después hizo lo mismo con los aldeanos de los valles durante la Edad de Plata y durante la Edad del Bronce se refugió en las montañas y finalmente ascendió a los Cielos tras ver que la Humanidad iba a entrar en la Edad del Hierro. Y en el Firmamento el gran Zeus la convirtió en la constelación de Virgo. 



Tal mito fue revalorizado y transmitido entre los círculos esotéricos neopitagóricos y neoplatónicos. Vigente estaba cuando, en el año 40 a.C., Virgilio compone su IV Égloga anunciando que la Virgen Astrea iba a dar a luz a un Avatara, a un Mesías, a un Restaurador del Orden que traería consigo una nueva Edad de Oro. 




Muy  pronto los Padres de la Iglesia cristianizaron esa IV Égloga y, convirtiendo a Virgilio en un profeta, asimilaron la Virgo (Astrea) con la Virgen María y a Jesús con el virgiliano "naciente niño, por quien la vieja raza de hierro termina y surge en todo la nueva Edad Dorada del mundo". La primera analogía en tal sentido parece ser que la realizó Lucio Cecilio Firmiano Lactancio  (fallecido hacia el 325).

 

La exégesis cristiana de esta IV Égloga sobrevive todavía hoy día y tuvo igualmente una especial incidencia durante el Renacimiento (en España descuellan las interpretaciones de Juan Luis Vives y de El Brocense, entre otras).



Así que Virgo (Astrea) pasó a ser, en el medievo cristiano, un signo zodiacal vinculado a la Virgen María muy estrechamente, tanto simbólicamente como a nivel litúrgico puesto que los principales hitos existenciales de María (basándose en los apócrifos fundamentalmente) se incrustaron dentro del período astrológico ligado a Virgo, como puede leerse en La Virgen María y el signo zodiacal Virgo (en Soriaymas). 

Insisto en ello, aquí y ahora, transcribiendo a Jean Hani en su clarividente libro La Virgen Negra y el Misterio de María :

"En cuanto a la constelación zodiacal de la Virgen, desempeña un gran papel en el culto mariano. Primero en el calendario de las fiestas; la constelación aparece por el este en marzo, se alza en el este durante los meses de abril, mayo y junio, y luego desciende hacia el oeste de julio a septiembre; por otra parte, el sol entra en el signo el 23 de agosto y permanece en él hasta el 22 de septiembre; ya se habrá advertido que las fiestas marianas importantes se sitúan precisamente en estos períodos: el 25 de marzo [Anunciación y Concepción de Jesús], el mes de mayo [mes de María], el 15 de agosto [ la Asunción] y el 8 de septiembre [Natividad de María]. Por otra parte, recordemos la asombrosa relación que vincula la constelación zodiacal en cuestión con la implantación de algunos santuarios marianos."



Y así como Astrea  es "La Estrellada", María es  "Estrella de la Mañana" (Letanía Lauretana), "Estrella del Mar" (Liturgia de las Horas), y fue igualmente equiparada a la embarazada "Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza" (Apocalipsis, XII,1) que el Dragón de siete cabezas intenta aniquilar y al que derrotará el arcángel Miguel.



Y así como Astrea fue vinculada en la Antigüedad con diversas Diosas Madres de todo el arco oriental mediterráneo (incluida Isis), igualmente María absorbió la imaginería, simbolismo y rituales paganos de tales Diosas Madres, como es más que evidente, y baste para ello tan solo releer las alabanzas marianas en la Letanía Lauretana que ha sido fuente de tanta inspiración iconológica. 



Ejemplo de ello son los grabados sobre la Letanía Lauretana que acompañan este artículo, que fueron realizados por el taller de los grabadores de Augsburgo de los hermanos Joseph Sebastian y Johan Baptist Klauber que tanta influencia tuvieron en Europa y Latinoamérica durante siglos. Contaron para ello con la colaboración en las ilustraciones del jesuita Ulrich Probst, y fueron comentadas en latín por Francisco Xavier Dornn, predicador de Fridberg, en 1750,  en una obra que fue traducida a diversos idiomas a lo largo de los siglos XVIII y XIX.  En España se tradujo al español y se publicó por vez primera en Sevilla  (1763). La segunda publicación tuvo lugar en Valencia, en 1768, y es a la que corresponden estas imágenes que he ido insertando en este post.